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La creatividad contemporánea es un espacio donde convergen miradas, memorias y sensibilidades diversas.
Las ediciones limitadas de la plataforma Encuentros celebran esta pluralidad mediante colaboraciones con artistas de gran trayectoria mundial, quienes comparten su visión con nuestra marca para crear piezas verdaderamente singulares.
Su estética se distingue por la espontaneidad y la primacía de la emoción sobre la razón. Para Montes, el accidente es parte fundamental del hallazgo creativo. Su obra, en constante evolución, incorpora elementos de su vida personal, sus viajes y su experiencia cotidiana, dando forma a un lenguaje expresivo que se mantiene en permanente búsqueda.
El artista mantiene una relación profundamente íntima con su obra. Su universo creativo, inspirado por emociones como el amor y la melancolía, así como por tiernos recuerdos y sueños de la niñez, prioriza la libertad sobre la perfección técnica. “Yo vivo del error, del accidente. Nunca pinto sin salirme, sin salpicarme. Toda mi vida he tenido las manos sucias”, expresa Montes. Esta edición limitada celebra precisamente ese territorio, abrazando lo emotivo y lo imperfecto como parte del hallazgo.
Traslúcido y brillante con destellos plateados
Gran cuerpo
Flores y hierbas silvestres, agave cocido, eucalipto y copal, con toques minerales y de toronja
Frescas notas de hojas verdes de eucalipto y lima, con un final sedoso y prolongado de hierbas y especias
Concebida como un tesoro oculto, la pieza creada para esta edición limitada se revela únicamente al levantar un velo dorado, adornado con motivos de pluma, que la resguarda dentro de su estuche: un gesto íntimo de revelación que evoca los antiguos ritos ceremoniales.
La licorera porta la impronta inconfundible del universo de Amador Montes, un mundo construido desde la espontaneidad, los tonos terrosos, las formas orgánicas y una memoria personal que persiste como raíz.
La pieza refleja también su fascinación por la belleza que reside en la imperfección. Está decorada con los motivos que caracterizan su estilo: aves de cuellos largos y extremidades esbeltas que se despliegan con gracia como guardianes simbólicos; objetos domésticos cargados de memoria, como teteras y vasijas estilizadas; y palabras manuscritas que evocan momentos de su historia personal.
En conjunto, esta pieza se convierte en una metáfora visual: un puente entre la memoria ancestral y la creación contemporánea; entre lo íntimo y lo ceremonial; entre la herencia oaxaqueña y la narrativa emocional del artista.